5. La cuna del castellano Najera y San Millan

5. La cuna del castellano

Najera y San Millan

Llevo tres días andando sola desde Puente l a Reina, sin apenas hablar

con nadie. Las ampollas de mis pies se han endurecido y ya no me

duclen a l andar, pero también me siento un poco más dura por dentro.

Estoy desanimada. Dar un paso tras otro, con el peso de la mochila a la

espalda, no tiene nada del romanticismo que y o había imaginado.

Anoche tuve un sueño pero solo recuerdo unos extraños versos que m e

dan vueltas e n l a cabeza, en una lengua que parece español, pero como

más antiguo:

"Inclinó la cabeza commo qui quier dormir

Rendió a Dios la alma e dessóse morir:"

No sé de dónde salen esas palabras ni lo que significan; tampoco

he vuelto a encontrar ningún trozo de cristal. Eso me tranquiliza pero

también m e decepciona, porque ahora m e doy cuenta de que era

emocionante pensar que podía haber algo misterioso en m i camino.

Ahora solo siento el cansancio, la tierra y e l polvo.

A mi alrededor, el paisaje se ha cubierto de viñedos que tiñen d e

verde las laderas de las colinas. Estoy en La Rioja, cuna de uno de los

vinos más famosos del mundo.

Con la moral por los suclos llego a Nájera, una ciudad situada

entre dos montes, a orillas del río Najerilla, que l a divide e n dos partes:

a la izquierda está el barrio de Adentro, que es el casco antiguo, donde

están los monumentos históricos; y a l a derecha, el barrio de Afuera,

donde se alzan los edificios modernos y sus industrias. E l nombre d e

esta ciudad deriva del árabe Náxara, que significa "lugar entre peñas".

En la Edad Media esta cra tierra de santos. En las paredes de los

montes que están junto a la ciudad hay unas curiosas cuevas

medievales. Las más impresionantes, cerca de la orilla izquierda del río,

fueron excavadas e n e l siglo X, para ser ocupadas por monjes o

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cremitas* que se iban a vivir allí alejados del mundo. Están formadas

por una serie de habitaciones escalonadas en cinco alturas. Hoy en día

pueden visitarse cuatro de estas cuevas, y aunque l a senda de subida es

bastante peligrosa, hay unas vistas del valle muy bonitas desde allí.

En el albergue conozco a unos chicos muy simpáticos que vienen

de París en autostop. Son franceses y se llaman Ahmed y Eric. Ahmed

es moreno, con el pelo rizado, mientras que Eric, que e s muy alto,

parece u n verdadero normando.

-Yo soy musulmán -me explica Ahmed , pero Eric es ateo; n o

cree en nada.

-Si creo -responde Eric sonriendo-. Creo en muchas cosas. Creo

en la amistad, pero no en Dios. Ahmed se prepara para ir a L a Meca,

pero yo soy un turista.

Juntos salimos a visitar la ciudad.

-No o s perdais cl monasterio de Santa María la Real -nos

aconscja el hospitalero-, que según la leyenda fue fundado gracias a un

milagro.

—Yo no creo en los milagros -dice Eric.

-¿Ves como n o crees en nada? -dice Ahmed-. Cuéntalo de todas

formas, por favor -le pide al hospitalero.

-La leyenda dice que allá por e l siglo XI, el rey de Pamplona,

García Sánchez III, estaba cazando en e l bosque con su halcón. El

halcón, que iba persiguiendo a un pájaro, se metió en una cueva de l a

que salía una extraña luz. El rey entró en la cueva detrás del halcón y se

encontró con u n altar iluminado con una lámpara d e aceite. Sobre el

altar había una talla de la Virgen con e l Niño, y junto a l a imagen u n

Jarrón con flores.

-En Estella me contaron otra leyenda sobre l a aparición de una

Virgen -le comento . Hay muchas leyendas que hablan de apariciones

milagrosas de Vírgenes en España, ¿no?

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-Supongo que sí, pero esta es especial. El rey García creo la orden

militar de los Caballeros de la Jarra, que es un símbolo del Santo Grial.

A la muerte del rey, s u esposa, que cra francesa, hizo construir el

monasterio para los monjes de Cluny. Los monjes lo fortificaron y a l o

largo de la historia se han ido añadiendo edificios. A pesar de la mezcla

de estilos es muy bonito. En su interior está l a cueva donde se dice que

el rey encontró a la Virgen.

Esa noche, de vuelta en el alberguc, mientras ayudo a poner l a

mesa para l a cena, repito en voz alta, sin darme cuenta, los versos que

soñé la noche anterior.

-Ah, ya veo que conoces a Berceo -me dice el hospitalero.

-¿A quién? -pregunto sin saber de quién me habla.

Gonzalo de Bercco, el primer poeta conocido en lengua

castellana. Nació cerca de aquí, en un pueblecito situado a los pies de la

sierra de l a Demanda. Y trabajó e n el monasterio d e San Millán d e la

Cogolla, que merece la pena visitar, aunque no está exactamente en el

Camino. ¿Cómo es que recitas sus versos?

-No tengo n i idea -respondo-, pero mañana voy a San Millán a

averiguarlo. Aunque tenga que dar un largo rodco*.

A la mañana siguiente, Ahmed y Eric deciden hacer la próxima

ctapa del Camino a pic y s e vienen conmigo. Me alegro porque estaba

cansada de andar sola.

E n Azofra, a unos ocho kilómetros, nos desviamos a l a izquierda

para tomar la carretera hacia San Millán de la Cogolla, adonde llegamos

tras recorrer otros trece kilómetros de marcha. Alli hay dos monasterios

dedicados a San Millán, un santo que vivió e n esa zona como u n

anacoreta y que fue enterrado e n una cueva e n el año 574.

Los monasterios están cerca el uno del otro: el d e arriba se llama

San Millán de Suso (del latín sursum, que significa arriba) y el de abajo

San Millán d e Yuso (del latín deorsum, que quiere decir abajo). San

Millán de l a Cogolla es conocida como "la cuna del castellano" porque

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allí s e encontraron las llamadas Glosas Emilianensos. Estas glosas, o

anotaciones, son muy importantes porque constituyen una de las

muestras más antiguas de una lengua romance® en España.

Lo primero que hago, nada más llegar a San Millán, es comprarme

su libro más conocido, Los Milagros de Nuestra Señora, y mientras

tomamos un refresco en una terraza, busco y rebusco los versos de mi

sueño hasta que los encuentro.

-¡Aquí están! -exclamo en voz alta sin poder reprimirme.

¡Hablan del duelo de l a Virgen en el momento de la muerte de Cristo!

¿Pero cómo es posible que yo..?

-¿Pero qué t e pasa? -me pregunta Ahmed Te has quedado

blanca.

Nada, nada -respondo, guardando el libro en l a mochila porque

no quiero dar explicaciones-. ¿Vamos a visitar los monasterios?

Ambos monasterios han sido declarados Patrimonio de la

Humanidad por la UNESCO, pero m i favorito es San Millán de Suso,

el más antiguo de los dos.

Creo que este es uno de los edificios románicos más bellos que

he visto en mi vida -les digo a mis compañeros, pero ellos están

extrañamente callados, sobrecogidos por la paz del lugar y la belleza d e

las piedras. Incluso Eric, el escéptico normando, parece emocionado.

Todavía pueden verse las cuevas donde vivían los eremitas junto a

los restos del primitivo monasterio, que fue construido entre los siglos

V I y IX. En e l se puede apreciar muy bien el cruce de estilos

visigótico, mozárabe y románico que se dio en España en la Edad

Media.

Mientras los chicos contemplan e l valle, con e l monasterio de

Yuso al fondo, yo observo los sarcófagos donde están enterrados

unos misteriosos personajes llamados Los Infantes de Lara". De

repente, en una de las grietas del empedrado' mozárabe, algo me llama

la atención: es u n trocito de vidrio, pequeño y de color ámbar. Al

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descubrirlo siento cómo e l corazón m e empicza a palpitar con fuerza.

No puede ser, m e digo, pero entonces... ¿por qué, s i no, he venido

hasta aquí?

-¿Qué es eso? —me pregunta Eric cuando observa que me agacho a

recogerlo.

-Nada, u n trozo de botella de cerveza -respondo mientras l o

Hay que ver, l a gente deja basura hasta en los monumentos

acaricio. históricos.

Esta vez estoy segura, n o tengo que sacar los otros vidrios para

comprobar que es e l mismo material, la misma textura. Este trozo de

vidrio forma parte del misterioso rompecabezas que yo llevo en la

mochila. Y parece que hay una fuerza oculta que quiere que yo l o

encuentre. Una fuerza que es capaz de meterse hasta en mis sueños. N o

debo dejarme llevar por el pánico, pero a partir de ahora pienso tener los

ojos bien abiertos.

Las Glosas Emilianenses y el origen del castellano

Las Glosas Emilianenses son anotaciones que u n monje escribió en u n

texto religioso en latín para aclarar el significado de algunos pasajes. La

gran mayoría están escritas e n latín medieval, pero también hay

anotaciones e n lengua romance y en vasco. Datan d e principios del

siglo X I y se encontraron, a principios del XX, en el monasterio de San

Millán de la Cogolla. Su hallazgo causó u n enorme interés entre los

estudiosos, porque son las muestras más antiguas conocidas del

castellano primitivo. Desde entonces el monasterio de San Millán, y por

extensión L a Rioja, son conocidos como "la cuna del castellano".

Catorce siglos antes los romanos habían invadido l a península

Ibérica, imponiendo e l latín como lengua hablada en casi todo e l

territorio, pero la unidad lingüística se empezó a romper con la llegada

de los pueblos germanos, que aunque adoptaron el latín como lengua

propia, introdujeron en ella muchos cambios.

Sin embargo, el factor principal que contribuyó a esta ruptura fue

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la invasión de la península Ibérica por parte de pueblos musulmanes del

norte de África, a principios del siglo VIII. Algunos hispanos s e

refugiaron en el norte, donde empezaron a formarse los nuevos reinos

cristianos. E l aislamiento de estos reinos produjo un aumento de las

diferencias existentes en e l latín hablado, que cvolucionó de forma

distinta según la zona, dando lugar con el tiempo a las distintas lenguas

romances.

Una d e estas lenguas romances cra el castellano, que nació en e l

norte de la Península y desde alli se extendió a medida que e l reino de

Castilla ampliaba sus territorios y su poder.

En el siglo XIII se convirtió en lengua de cultura, gracias sobre

todo a Alfonso X cl Sabio y a l a Escucla d e Traductores d e Toledo.

Sabios árabes, judíos y cristianos trabajaron juntos para traducir al

castellano y a l latín importantes obras del árabe y el hebreo.

Poco a poco fueron afianzándose las lenguas románicas, derivadas

del latín, que se hablan actualmente e n España: castellano, gallego y

catalán. Castilla siguió avanzando frente a los árabes, que sufrieron su

derrota definitiva en 1492, con la conquista d e Granada. Con el

matrimonio de los Reyes Católicos, España se unificó políticamente, y

aunque las otras lenguas románicas se mantuvieron vivas, el castellano,

al que ya entonces se le llamaba también español, se convirtió en l a

lengua más hablada e n España.