Traductor: Sebastian Betti Revisor: Gisela Giardino
Hace unos días le pregunté a mi mamá
cuánto creía que podía llegar a conocer de una persona
a partir de sus redes sociales en tan solo 30 segundos.
Poco, me dijo.
Y, así como soy yo, me sentí desafiada y le propuse probarlo.
Si llegaba a conocer al menos 10 cosas de una persona en esos 30 segundos
me comía la última bombita con crema que quedaba en la heladera.
Imagínense mi ilusión cuando aceptó.
Puse el cronómetro y fui directo a Instagram.
Escribí una letra al azar y entré en el primer perfil que apareció.
Arranqué a stalkear.
Arranqué a ver todo lo que esa persona había publicado hasta la fecha.
Resulta que era una chica que hace más o menos un mes
había subido una foto con las velitas del número 18.
Atrás había un montón de gente:
familia, amigos, Gachi, Pachi, todos, cantando el Feliz Cumple.
Así que supuse que era una persona muy amiguera.
Entre sus publicaciones había algunas piezas de arte de Van Gogh.
Y dije "Ya fue, a esta chica le re-gusta el arte".
Cosa que después pude confirmar con algunas fotos
en las que ella aparecía pintando.
En todo eso, seguí bajando, seguí bajando,
y descubrí que quien es su novio actualmente antes era su mejor amigo.
Que es una chica trans, que egresó del colegio el año pasado,
y que ahora está estudiando Diseño Gráfico.
Y entre todo eso también pude ver que es una persona muy saludable,
que toca el ukelele y que es eco-friendly,
o sea, que es muy respetuosa con el medioambiente.
Para cuando llegué a estas 10 cosas, habían pasado 28 segundos.
Mi mamá quedó impactadísima.
No podía creer que pudiera conocer a una persona así,
a partir de las redes sociales.
Es verdad que en las redes uno elige lo que quiere mostrar.
Que no porque esté ahí significa que es algo 100 % real.
Pero aun así pienso que lo que uno elige publicar
también muestra cómo es y lo que quiere ser.
Creo que hoy hay una forma fundamentalmente distinta
de conocer a otras personas
a comparación de como lo hacíamos hace unos años atrás.