El universo es increíblemente grande y parece lleno de potencial de vida,
con miles de millones de planetas habitables. Si una civilización avanzada tuviera la tecnología
para viajar entre las estrellas, a solo un 0.1% de la velocidad de la luz, podría colonizar
nuestra galaxia en unos 100 millones de años. Lo que no es tanto dado que la Vía Láctea
lleva existiendo miles de millones de años. Por eso, cualquier civilización de viajeros
espaciales podría extenderse rápidamente por enormes sectores de la galaxia.
Y, sin embargo, no vemos ni oímos nada, el universo parece vacío. Sin nadie más.
Se trata de la paradoja de Fermi, de la que ya hemos hablado detalladamente en otros videos.
Confrontada con un universo aparentemente vacío, la humanidad encara un dilema.
Deseamos saber desesperadamente si estamos solos en la Vía Láctea. Queremos atraer la atención y
mostrarnos ante cualquier observador, aunque podría ser lo último que hiciéramos. Porque
puede que el universo no esté vacío. Quizás esté lleno de civilizaciones
que se esconden unas de otras y que las que atrajeran la atención en el pasado
fueran exterminadas con flechas invisibles. Es la solución del bosque oscuro a la paradoja de Fermi
El camino de la vida. El cazador despierta en su escondrijo y,
antes de levantarse, escucha detenidamente si hay ruidos sospechosos en la espesura.
Una noche más sin incidentes. El bosque está oscuro y cubierto
de niebla. Se plantea atraer la atención de otros para dejar de estar solo, pero se detiene en el
último momento. ¿Qué pasaría si fueran como él? Todos los seres vivos buscan sobrevivir,
asegurarse recursos y multiplicarse. Su mayor obstáculo son otros seres
vivos que tienen el mismo objetivo. La competición entre especies ha favorecido la
supervivencia de los seres con rasgos ventajosos. Nuestros ancestros eran ingeniosos, competitivos,
expansionistas y ambiciosos de recursos, lo que les llevó a ganar la competición por el planeta.
Hoy, la mayoría de los demás animales están tan a nuestra merced que exterminamos cerca
de una docena de especies al día como resultado colateral a nuestro proceder.
Pero los humanos son algo más que seres individuales. De nosotros
surgen culturas que también compiten entre sí. Las culturas competitivas y expansionistas
también se expanden más y más deprisa, y se combinan, someten o destruyen a las otras. Basta
con fijarse en la historia para verlo claro: somos peligrosos. No solo para otros seres,
también para nosotros mismos. La naturaleza humana nos ha
llevado a conquistar cada rincón del planeta y pronto le echaremos el ojo a las estrellas,
tanto para expandir nuestros dominios como para asegurarnos el acceso a más recursos todavía.
Y entonces quizás nos topemos con otros que intenten hacer lo mismo.
Es probable que la competición de la vida también se desarrolle en los planetas lejanos, por lo que
resulta lógico asumir que una civilización alienígena que haya llegado a dominar su
planeta se parezca en cierto modo a nosotros. Pero si se parecen a nosotros, sus miembros
también pueden ser peligrosos. La implicación.
Mientras el cazador se escabulle por el bosque oscuro completamente solo,
sabe que podría haber otros como él. No puede conocer sus intenciones,
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